Depresión invernal.

Conforme los días se hacen más cortos, hay quien observa que su estado de ánimo se abate. Se siente cansado, aburrido, soñoliento, casi letárgico. Nerviosismo, irritabilidad, fatiga y melancolía aparecen gradualmente y empeoran en pleno invierno. Uno quisiera no levantarse de la cama, ni salir ni ver a nadie. Pierde interés en el sexo y se siente decaído. Además del cambio emocional, padece más frío que los demás y tiene deseos exagerados de dormir y de comer carbohidratos, por lo que es común que gane peso; también aumenta de forma importante su consumo de bebidas con cafeína. Algunos reportan cierta dificultad para tomar decisiones, fallas en la memoria, falta de creatividad y poca concentración. En los casos más severos se tienen pensamientos suicidas, a una baja en la autoestima y sentimientos de culpabilidad.

Curiosamente, el estado de ánimo mejora en primavera y verano. Ya desde tiempos de Hipócrates se habían observado cambios estacionales en el estado de ánimo. Esta condición parece imitar el comportamiento que exhiben los animales que hibernan, tal como la reducción de actividad y el aumento de horas de sueño. En ciertos humanos ocurre lo mismo, se trata de un padecimiento psiquiátrico llamado Trastorno afectivo estacional. Como en los animales, la somnolencia se detona al responder el cerebro al incremento de producción de melatonina en el cuerpo, a su vez provocada por los reducidos niveles de luz en invierno. Durante las horas de oscuridad, la glándula pineal produce la melatonina que contribuye a que uno esté soñoliento. Cuando la luz intensa llega a los ojos se detiene su producción pero, quien tiene este trastorno, produce más de lo normal.

Es incapaz de adaptar los ritmos corporales a la menor duración de la luz y se deprime fisiológica y emocionalmente.

Este trastorno, también conocido como depresión invernal, es común en países como Suecia donde un 20% de la población lo padece. En México no es tan común porque los ciclos del día y la noche son muy diferentes a los países del norte o el sur en los que hay días invernales en los que el sol no está presente. Lo que sí se advierte es que a muchos pacientes con depresión mayor se les agravan sus síntomas en invierno. Recuerdo que alguna de mis pacientes con depresión solía decir "ésta es una tarde coñaquera", refiriéndose a las tardes oscuras y lluviosas. También se da el caso de quienes trabajan de noche y se encierran a dormir durante el día. Pasar más tiempo en exteriores suele ayudar a curar este trastorno. Incluso, en los países del norte, existen lámparas especiales que imitan la luz solar para tratar este tipo de depresión.

A mí en lo particular, me resulta insoportable la temporada navideña. El famoso "puente Guadalupe-Reyes", entre el 12 de diciembre y el 6 de enero, quisiera pasarlo dormido. Me incomodan los anuncios, los adornos, todo el ambiente. Me disgusta porque me da la impresión, humana no médica, que muchos sienten artificialmente una felicidad que va en proporción a lo que puedan comprar. Esto me parece una caricatura de lo que debería ser la alegría espiritual con sentimientos de renacer, que es lo que simboliza en las tradiciones de todo el mundo la fecha del solsticio de invierno. Se celebraba el nacimiento de Huitzilopochtli y otros dioses hindúes, asiáticos y egipcios. Se dice que de ahí tomó la ideología cristiana la idea de celebrar el natalicio de Jesús en esa fecha.

Siempre se han hecho fiestas para conmemorar estos eventos pero ahora se hace de forma utilitarista. Recuerdo con alegría navidades y años nuevos estupendos en Ixhuacan, Oaxaca, lugar maravilloso en uno de los últimos confines del Itsmo de Tehuantepec. Eran reuniones espirituales sin el componente material.

La sensibilidad que tienen los deprimidos ante los cambios de temperatura es muy notoria. Un estudio realizado en Suiza revela que la frecuencia de suicidio en países que tienen cambios bruscos de temperatura, aumenta en los días en que ésta baja. Los vientos que llegan del norte de África provocan estos cambios bruscos en el clima y en el componente iónico, es decir en las cargas eléctricas de la atmósfera. Los iones positivos afectan el estado de ánimo y lo deprimen, mientras que los negativos provocan una sensación de bienestar. Se ha comprobado que el aire fresco del campo contiene más iones negativos.

La seriedad de este trastorno puede ir desde un tedio soportable hasta un episodio depresivo mayor que requiere atención profesional.

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